La desolación de Rodri, Laporte, Pedri, Ansu fati y Baldé. Fotografía perteneciente a las redes sociales de la Selección Española de Fútbol.

España queda eliminada del mundial tras caer en penaltis contra Marruecos, siendo incapaz de crear peligro y fallando todos sus lanzamientos en la tanda

Pocas veces lo que bien empieza, mal acaba. En los torneos cortos y exigentes como el mundial, es primordial tener un gran nivel desde el primer al último día, pero si esto no es posible, la estrategia óptima es la de ir mejorando cada partido.

Tras un gran inicio, la realidad llamó a la puerta

España llegaba envuelta en polémicas, pero sin dejar de ser una de las candidatas. Tras el éxito apabullante del primer día, todo el mundo, desde periodistas a seleccionadores y jugadores, nos hizo creer en que podíamos competir por el mundial.

Nada más lejos de la realidad, Alemania mostró uno de los puntos débiles de la selección, la inexperiencia y el poco liderazgo de su capitán. En un partido controlado por España, Alemania se fue al ataque a la desesperada y a España le temblaron las piernas. Terminó regalando el empate y pidiendo la hora.

Tras el esperpento de la tercera jornada, nos dimos cuenta de que, asumiendo tanto riesgo en la salida de balón, pagábamos los errores muy caros. Es por eso que en la última media hora del partido contra Japón no creamos una sola ocasión de peligro, por miedo a fallar y acabar eliminados.

Borrón y cuenta nueva

Se nos presentaba un escenario que considerábamos ideal, pues evitábamos el cruce con Brasil y Argentina. A cambio, nos tocaba enfrentarnos con Marruecos, una selección que llegaba con la ilusión intacta tras pasar como primera de grupo, por delante de Croacia, Bélgica y Canadá, encajando un solo gol y que había perdido únicamente 2 de los últimos 44 partidos.

Marruecos no es el equipo de mi pueblo

Marruecos sabía lo que tenía que hacer para complicar el partido a España, mantener un bloque bajo, sin dejar espacios en el centro y obligando a que el balón llegara a las bandas, donde no se podía generar peligro ante la ausencia (otra vez) de un 9 como Álvaro Morata, quien estaba entre los máximos goleadores de la competición a pesar de salir un único partido como titular.

El flojo nivel de Carvajal en el anterior partido y las molestias de Azpilicueta obligaron a Luis Enrique a poner a Marcos Llorente de lateral. Esta posición no es la más apropiada para el jugador del Atlético de Madrid, pero cumplió perfectamente en su complicado duelo, primero ante Boufal y después con Abde.

A falta de fútbol, polémica

Nuestros vecinos marroquíes empatizaron con nosotros y nos dejaron disfrutar de nuestra típica siesta. Marruecos jugó a que no sucediera nada durante el partido, consiguiendo su objetivo y convirtiendo el partido en el más aburrido del mundial. Cuando un partido de OCTAVOS DE FINAL de un mundial es el más aburrido de la competición es porque hay un equipo que no quiere que se juegue y otro que no se arriesga a jugar.

Por si esto no fuera poco, surgió un protagonista inesperado, el colegiado argentino Fernando Rapallini (a quien se le ocurre poner un colegiado de Latinoamérica en un partido de España). El arbitraje se podría calificar como vergonzoso, indicaba faltas inexistentes, no pitaba entradas merecedoras de tarjeta, se inventaba los saques de banda y de portería; y todo ello con una tendencia favorable al combinado marroquí que terminó por desquiciar a los españoles.

La selección marroquí, liderada por el pivote de la Fiorentina, Sofyan Amrabat, ganó a la selección española en todo menos en posesión. Iban como motos a todos los balones divididos, saliendo ganadores de todos ellos por su contundencia y decisión.

Luis Enrique, ¡¡¡los cambios!!!

En otra mala lectura del partido de Luis Enrique (y ya van 3 en el mundial), decidió sustituir a Gavi, el único futbolista español que igualaba la intensidad del equipo africano. En ese momento España tiró el partido, se dedicó a pasar el balón entre los centrales Laporte y Rodri (otra vez Rodri de central y los otros 3 en el banquillo) y Busquets.

España solo chutó dos veces entre los 3 palos, ambas de tiro libre. Nico Williams, quien entró en el minuto 75, fue el único jugador que propuso algo diferente, en vez de pasar el balón, decidió encarar a su marcador y llegar hasta la línea de fondo.

Marruecos estuvo a punto de llevarse el partido en la prórroga con un mano a mano de Cheddira que sacó Unai Simón. Ya pensando en la tanda de penaltis, Luis Enrique decidió meter a Sarabia para quitar a Williams. En la última jugada de la prórroga, una volea del jugador del PSG pegó en el poste.

Sarabia mandó la última ocasión de la prórroga al palo. Fotografía perteneciente a las redes sociales de la Selección Española de Fútbol.

Otra fatídica tanda de penaltis

Sin quererlo ni beberlo, llegamos a los penaltis. Todo tenía mala pinta. De los 11 jugadores, solo 2, Carlos Soler y Sarabia, habían lanzado más de 10 en toda su carrera. Además, muchos jugadores no habían tirado un penalti en su carrera, y menos con semejante presión (Baldé, Pedri, Marcos Llorente, Ansu Fati, Rodri, Laporte,…). Por si esto fuera poco, Marruecos ganó el sorteo, por lo que comenzarían lanzando.

Luis Enrique había comentado en numerosas ruedas de prensa que había mandado a los futbolistas llegar con más de 1000 penaltis tirados en sus clubes, tarea que dudo que hicieran porque no fueron capaces de anotar ninguno de los tres que pudieron tirar.

Sabiri engañó a Unai Simón para anotar el primero. Sarabia, quien había anotado los 16 penaltis que había lanzado en su carrera, la mandó al palo. Además, Ziyech anotó el segundo para Marruecos.

Llegó el turno de Carlos Soler, un chaval que le había anotado 3 penaltis al Real Madrid (con Thibaut Courtois bajo palos) en el mismo partido. El centrocampista chutó muy flojo y centrado, fácil para Bono.

Todo parecía perdido, pero Unai detuvo el penalti de Benoun, dando esperanzas a España. Cuando todos confiábamos en recortar distancias y aferrarnos a la épica, Busquets tiró su penalti igual de mal (o peor) que Carlos Soler.

Achraf Hakimi, nacido en Madrid, se tomó el privilegio de lanzar a lo panenka el que fue el último penalti de la tanda. De esta forma, Marruecos se clasificó meritoriamente para jugar los cuartos de final contra Portugal el próximo sábado día 10 a las 16:00 horas. España hace las maletas antes de lo previsto, volviendo a casa con muchas dudas y con la continuidad del Luis Enrique en el aire.

Conclusiones de un decepcionante mundial

Cuando una enfermedad afecta muchas veces a una población, se convierte en epidemia. Lo de España se podría considerar una epidemia. Nos fuimos de Rusia, de las semifinales de la Eurocopa y de los octavos del mundial por penaltis, repitiéndose en todos ellos una circunstancia, el rival se encerró y España fue incapaz de crear peligro.

El día de la convocatoria, Luis Enrique dijo una frase que nos llenó de ilusión: “De miedo no vamos a morir”. Cuando escupes hacia arriba, te acaba cayendo el escupitajo. España, por miedo a perder contra Alemania, Japón y Marruecos, renunció a su estilo más vertical, abonándose al empate (o la derrota si el rival estaba acertado).

En una convocatoria de 26, mueres de miedo cuando solo tienes dos jugadores diferentes, capaces de revolucionar partidos, Nico Williams y Yeremi Pino. Si de ellos uno juega media hora y el otro se va de Catar sin disputar un solo minuto, hay un problema de ambición y de querer ir a por los partidos. Además, falta un líder como lo eran Sergio Ramos o Puyol. Busquets no es un líder y en situaciones como ayer se nota, le pudo la presión para tirar un penalti (recordemos que también falló uno contra Suiza en la pasada Eurocopa). Y ya no hablemos del tema de llevar un único delantero centro.

La ilusión de todos nosotros tras el 7-0 a Costa Rica es igual de intensa que la decepción que nos hemos llevado de este mundial, para el cual hemos tenido que esperar 4 años y medio. Hoy es un día negro, pero mañana saldrá el sol y seguiremos apoyando a Luis Enrique y la selección.